아레아레아

Arearea (Joyfulness)

La alegría hallada donde la civilización se detiene

Para Gauguin, Tahití no era un simple destino de viaje.
Creía haber descubierto allí una emoción que la civilización había perdido.
Esa emoción era la «alegría».

«Arearea» significa «alegría» en tahitiano.
¿Qué clase de alegría vio Gauguin en esta isla?

Una pintura por la que fluye la música

Dos mujeres están sentadas una junto a la otra.

피리를 부는 여인
Point 01
피리를 부는 여인

파란 옷을 입은 여인은 타히티 전통 피리인 ‘비보’를 불고 있는데요. 조용히 흐르는 음악 덕분인지, 그림 전체에 느긋하고 평화로운 분위기가 감돕니다.

춤을 추고 있는 세 여인
Point 02
춤을 추고 있는 세 여인

타히티 전통 춤인 ‘타무레’인데요. 몸을 리듬에 맡긴 듯한 움직임이 굉장히 자유롭게 느껴지죠.

달의 여신, ‘히나’
Point 03
달의 여신, ‘히나’

춤추는 여인들 옆에는 커다란 돌상이 서 있습니다.
타히티 사람들이 믿던 달의 여신, ‘히나’입니다.

원래 히나 석상은 실제로 이렇게 거대하지 않았다고 해요. 하지만 고갱은 일부러 압도적인 크기로 확대했습니다. 원주민들이 믿고 의지하던 신앙의 존재감을 강조하고 싶었던 거죠.

Gauguin no pretendía simplemente registrar un paisaje.
Quería plasmar también la atmósfera misteriosa que él mismo sentía.

Un color más intenso que la realidad

Lo más poderoso de esta obra es, sin duda, el color.
La tierra roja, la naturaleza verde, y hasta los ropajes de azul intenso y naranja.
Los colores no se mezclan con la naturalidad de la realidad, sino que se disponen como si chocaran entre sí.

Si se observa con detenimiento, el color aparece aplicado de manera muy amplia y plana.
Gracias a ello, la imagen adquiere un carácter más decorativo que volumétrico, y parece menos un paisaje real que una escena extraída del recuerdo o de un sueño.

La pintura de Gauguin se acerca menos a una representación de la naturaleza que a una pantalla donde las emociones se traducen en color.

La utopía que Gauguin soñaba

Gauguin no se limitó a pintar los paisajes reales de Tahití.
Fundió en un solo mundo la naturaleza que había contemplado, la vida de sus habitantes y los mitos y creencias que estos profesaban. Superpuso la imaginación sobre la realidad.

Por eso, su pintura parece situarse extrañamente en la frontera entre la realidad y el sueño.
El ser humano y la naturaleza, la danza y la música, la fe y lo cotidiano conviven en silencio sin entrar en conflicto.

Quizás la «alegría» de la que hablaba Gauguin fuera precisamente ese instante.
La sensación más primigenia y serena de la vida, aquella que habíamos olvidado entre la civilización y la competencia.

El pintor que quería retratar un mundo nuevo

Gauguin continuó pintando obras de atmósfera primitiva y mítica, completamente ajenas a la Europa industrializada. En su época, muchos las consideraron extrañas y difíciles de comprender.

Sin embargo, su empeño en apartarse de las normas del arte establecido para crear un mundo enteramente nuevo fue, sin duda, algo singular.

Gauguin no pintó Tahití tal como era,
sino que, quizás, estaba pintando la «utopía» que hasta el final anheló encontrar.

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