해변의 소년들

Boys on the Beach

Al mirar el cuadro por primera vez, la piel reacciona antes que los ojos.

El calor del sol, la textura de la arena húmeda y hasta el sonido del agua al salpicar parecen hacerse presentes.

Unos niños corren desnudos por la orilla.

Sin preocupación alguna, jugando bajo el sol en un instante puro.

La escena resulta tan natural que uno tiene la sensación de estar espiando un fragmento del verano que pasó de largo sin querer.

Este cuadro es una de las obras más representativas del pintor español Joaquín Sorolla.

Y es, al mismo tiempo, la obra que mejor explica por qué se le llama «el pintor de la luz».

Un pintor impresionista, rareza en España

Sorolla fue un pintor impresionista verdaderamente excepcional en España.

Si el impresionismo nacido en Francia otorgaba primacía a la luz y a la atmósfera del instante, Sorolla supo construir su propio mundo dentro de esa corriente.

Fue, en particular, un pintor que amaba el ardiente sol español como ningún otro.

Por eso, ante sus cuadros, la luz no se limita a iluminar la superficie.

La luz misma se siente como la verdadera protagonista de la obra.

Un cuadro pintado directamente en una playa española

Esta obra fue pintada en la playa de Cabanyal, en Valencia, España.

Lo sorprendente es que Sorolla ejecutó esta obra de gran formato directamente en la orilla del mar.

Aunque las obras de grandes dimensiones solían completarse en el taller, Sorolla consideraba más importante pintar bajo la luz solar real.

Y es que la luz cambia por completo con el paso del tiempo.

Así que, sobre la arena ardiente, siguió con rapidez los colores de la luz que se transformaban sin cesar ante sus ojos.

Quien haya visitado Valencia quizá comprenda mejor por qué la paleta de este cuadro resulta tan especial.

La luz allí es extraordinariamente intensa, el mar de un azul singular y la arena refleja destellos dorados.

Parece como si la luz mediterránea hubiera sido trasladada al lienzo casi sin alteración.

La luz que fluye sobre el agua y la piel

Observe ahora el cuadro con atención.

La luz del sol se expande en blanco sobre la piel de los niños, mientras el agua del mar oscila sin descanso entre el azul y la plata.

Las sombras resultan aún más asombrosas.

No están pintadas de negro.

Se mezclan en ellas el violeta, el azul y el gris.

Sorolla no se limitó a representar claroscuros; fue un pintor que observó el color mismo en su transformación dentro de la luz.

Por eso sus cuadros, aunque son escenas detenidas, transmiten una sensación de movimiento continuo.

Las olas, la luz y los cuerpos de los niños parecen estar todos vivos.

¿Por qué pintó tanto la orilla del mar?

En la obra de Sorolla abundan especialmente las escenas de playa.

La razón era sencilla.

Sabía que la playa era el lugar donde podía mostrar mejor que ningún otro su estilo pictórico.

El mar refleja la luz con una intensidad incomparable, y los cuerpos humanos, el agua, la arena y el cielo no dejan de mudar de color.

La playa era, en suma, el taller ideal para Sorolla.

Y en ese espacio, pintó toda su vida el sol y el verano de España.

Porque esta obra no parece un simple paisaje, sino una pintura que encierra en sí misma la luz de España.

Al contemplar este cuadro, uno contempla junto a él el instante más radiante del verano de alguien.

Y quizá Sorolla deseaba que ese instante nunca desapareciera del todo.

Una obra al día,Tu día, un poco más bello.
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