
Madonna and Child Enthroned with Saints
Entre figuras sagradas, los rostros más humanos
El cuadro está lleno de mujeres.
Alguna sostiene flores,
otra abraza un instrumento musical,
y otra más contempla en silencio a un cordero.
Y en el lugar más elevado del centro, la Virgen María y el Niño Jesús están sentados.
Esta obra fue creada como retablo para la capilla de un hospital femenino en Florencia.
Por eso, la mayoría de los personajes representados en la escena son santas.
Historias ocultas en pequeños símbolos
El edificio en el que se encuentran la Virgen y el Niño Jesús simboliza la Iglesia.
Y también merece atención el panal que sostiene el joven Juan en la parte inferior.
Se cuenta que Juan el Bautista llevó una vida de austeridad monástica,
y la miel que consumía queda representada aquí mediante el panal.
Las mujeres a ambos lados son personificaciones del «amor cristiano» y del «autoexamen».
Y las santas de la fila inferior portan cada una su propio atributo iconográfico.
Unas tenazas, un par de ojos, un instrumento, flores, un cordero…
En aquella época, bastaba con ver estos símbolos para reconocer de inmediato a qué santo correspondía cada figura.
En particular, la rueda rota que porta santa Catalina de Alejandría alude al martirio que padeció.
Las personas que devolvieron la vida a una pintura
Lo cierto es que esta obra sufrió daños graves a lo largo del tiempo.
Por ello, en 2003 se llevó a cabo una restauración de gran envergadura.
Curiosamente, quienes patrocinaron esa restauración fueron el actor y director Mel Gibson y su esposa.
Gracias a ello, hoy podemos contemplar de nuevo este cuadro.
Si lo pensamos bien, el arte siempre ha sobrevivido gracias al interés y al mecenazgo de alguien.
Hace varios siglos existían mecenas como la familia Médici,
y hoy, otra persona distinta vela por la preservación de las pinturas.
Detenerse ante un cuadro antiguo
es, quizás, encontrarse con el tiempo tejido por los corazones de incontables personas.

