
The Third of May 1808
El hombre vestido de blanco en el centro de la composición
abre los brazos de par en par mientras enfrenta los fusiles del ejército francés. Una tensión que parece a punto de estallar en un disparo llena por completo la escena.
A su izquierda yacen los cuerpos de quienes ya han sido fusilados, y la sangre se extiende por el suelo. Detrás, los que esperan su turno permanecen de pie, con los rostros entre las manos o la cabeza inclinada, consumidos por el miedo.
Es una obra que captura el terror de personas corrientes situadas ante la guerra.
Soldados sin rostro
Fíjese ahora en los soldados franceses de la derecha.
Todos apuntan sus fusiles en idéntica postura, pero ninguno muestra el rostro.
Parecen una sola máquina que ejecuta órdenes sin emoción alguna.
Los civiles que van a ser ejecutados, en cambio, presentan expresiones y gestos distintos en cada uno. Los hay aterrados, los hay en oración, y los hay que aceptan la muerte con serena resignación.
Goya contrapone así a los dos grupos para mostrar de qué manera la guerra despoja al ser humano de su humanidad.
Símbolo de esperanza
La figura que más llama la atención es, sin duda, el hombre de la camisa blanca.
Su postura con los brazos abiertos evoca inevitablemente a Cristo crucificado. Si se mira con atención, en las palmas de sus manos se aprecian pequeñas heridas que recuerdan a las marcas de los clavos.
Goya no lo retrata como una simple víctima, sino como encarnación de la dignidad humana que persiste incluso ante la violencia más injusta.
Por eso esta obra trasciende el registro de una ejecución y es considerada una poderosa denuncia de la guerra y la violencia.
Aquel día en la historia
Esta obra está basada en los hechos que ocurrieron el 3 de mayo de 1808 en Madrid.
España se encontraba entonces bajo la influencia del ejército francés comandado por Napoleón. La presencia de tropas galas en distintos puntos del país fue avivando el descontento popular hasta que, el 2 de mayo, estalló en Madrid una gran revuelta.
Sin embargo, la resistencia no duró mucho.
Al día siguiente, el 3 de mayo, el ejército francés capturó a los ciudadanos que habían participado en el levantamiento y los ejecutó públicamente.
Goya plasmó en el lienzo precisamente ese instante. No pintó victorias heroicas ni glorias de guerra. En su lugar, nos muestra a las personas corrientes que cargan con el mayor sacrificio en medio del conflicto.
