
Ugolino and His Sons
Esta obra es «Ugolino and His Sons» de Rodin.
La obra se basa en una historia trágica que aparece en la «Divina Comedia» de Dante.
El protagonista de la escultura, Ugolino, fue un personaje histórico real: señor de Pisa, en Italia, durante el siglo XIII. En aquella época, Italia vivía una pugna incesante entre los partidarios del papa y los del emperador.
Tras un prolongado conflicto político, Ugolino fue capturado por sus enemigos y encarcelado en una torre junto a sus dos hijos y dos nietos. La puerta fue sellada herméticamente y el suministro de alimentos, cortado por completo.
A medida que pasaba el tiempo, el hambre se volvía insoportable, y Ugolino, sumido en la desesperación, llegó a morderse el brazo, perdiendo la razón. Sus hijos, al verlo, le rogaron que los devorara a ellos, pero Ugolino, como padre, fue incapaz de hacer nada.
Finalmente, los familiares fueron muriendo de hambre uno a uno, y el propio Ugolino acabó su vida entre una inanición extrema. Sin embargo, dado que Dante describió el momento final de forma ambigua, aún hoy existen múltiples interpretaciones sobre si Ugolino llegó realmente a cometer canibalismo.
¿Hombre o bestia?
Observemos la escultura con detenimiento.
El cuerpo apenas conserva carne: los huesos y los músculos quedan al descubierto. La postura, que evoca a un ser que avanza a cuatro patas, recuerda más a una fiera que a un ser humano.
Rodin quiso expresar el derrumbe de la humanidad ante un hambre extrema. En la escultura capturó el instante en que, entre el dolor y la desesperación más absolutos, la frontera entre el hombre y la bestia se desvanece.
Aunque la escultura está instalada en el centro de un estanque y resulta difícil contemplarla de cerca, al observar el rostro se aprecia la boca entreabierta y la mirada vacía. La expresión, que parece haber perdido toda razón, resulta verdaderamente impactante.
La tenaz observación de Rodin
Les presentamos una anécdota poco conocida sobre esta obra.
Rodin solía recurrir a personas reales como modelos para expresar emociones vivas. Se dice que, al esculpir a Ugolino, buscó durante largo tiempo a alguien cuyo rostro rozara la locura, y lo observó detenidamente.
Años más tarde, Rodin recordó a aquel hombre diciendo: «No era un hombre; era un lobo».
Su propósito era observar a una persona real para trasladar a la escultura las emociones más extremas del ser humano.
Se percibe así que Rodin no se limitó a esculpir un cuerpo humano, sino que intentó encerrar en la piedra la psicología de un hombre que se desmorona en la desesperación más absoluta.
