
Woman with a Parasol
Lo primero que llama la atención al contemplar esta obra es la viveza de sus colores.
Una sombrilla roja intensa, una blusa verde y una falda morada. Cada color resplandece con una presencia inequívoca.
La modelo de este cuadro es Berthe Roblès, esposa de Signac.
Signac completó esta obra como si fuera un experimento destinado a demostrar hasta qué punto los colores pueden armonizarse con belleza.
Una pintura de orden
La composición transmite también una notable sensación de orden.
La figura se yergue con aplomo, y las flores y los ornamentos del fondo están dispuestos con regularidad.
El remate decorativo de la sombrilla y el motivo floral en la esquina inferior izquierda añaden ritmo a una superficie que de otro modo podría resultar rígida.
Cada elemento ocupa su lugar calculado, contribuyendo a un equilibrio perfectamente meditado.
¿En qué se diferencia de Monet?
Esta obra evoca de manera natural «Mujer con sombrilla» de Monet.
Ambas obras retratan a una mujer con sombrilla, pero su atmósfera es completamente distinta.
Monet captó el instante fugaz en que el viento roza la escena: la hierba se agita, la ropa ondea, y todo parece vivo en ese preciso momento.
En cambio, en el cuadro de Signac el tiempo parece detenido.
La figura reposa en calma, y el conjunto de la superficie pictórica está organizado con meticuloso orden.
Esta diferencia es, precisamente, la más fundamental entre el impresionismo y el neoimpresionismo.
Si el impresionismo buscaba capturar la luz y el movimiento del instante, el neoimpresionismo aspiraba a expresar una belleza duradera mediante el orden y la armonía del color.
Por eso Signac fue acumulando con serenidad pequeños puntos de color hasta unificar toda la superficie en un único orden.
Gracias a la viveza de los colores y a la ordenada composición, cuanto más tiempo se contempla esta obra, más nuevo equilibrio y belleza se revelan ante los ojos.
