Self-Portrait

Self-Portrait

El pintor que primero amó los autorretratos

Un hombre mira de frente.

A primera vista, parece más un aristócrata que un pintor. Y, sin embargo, este personaje es un autorretrato: el propio artista se ha representado a sí mismo.
Se trata de Alberto Durero, con veintiséis años.

¿Por qué se retrató de esta manera?

En aquella época, la posición social del pintor era muy distinta a la de hoy.

Hoy concebimos al pintor como un artista, pero en aquel entonces se le consideraba en su mayor parte un artesano que producía obras por encargo.

Sin embargo, con la llegada del Renacimiento el ambiente comenzó a cambiar poco a poco. El pintor empezó a ser reconocido no como alguien con mera destreza manual, sino como un ser dotado de creatividad e inteligencia.

Durero fue el pintor que supo leer ese cambio antes que nadie.

Por eso no se representó como un pintor corriente. Se presentó a sí mismo con la apariencia de un noble.

Fíjese en la textura de la tela: está representada con una minuciosidad que roza lo excesivo. Los cabellos, también, están pintados con tal precisión que parece que cada mechón recibe la luz por separado.

Lo que destaca especialmente son los guantes blancos de piel.

En aquella época, los guantes de piel eran un símbolo de riqueza y distinción. Este cuadro, por tanto, no es un simple autorretrato, sino una obra que contiene el mensaje de Durero: «No soy un mero artesano.»

La respuesta que quedó en el cuadro

¿Cómo podemos saber que Durero pensaba realmente así?

Observe con atención la parte inferior derecha, bajo la ventana.

Texto Blanco en la Parte Inferior Derecha
Point 01
Texto Blanco en la Parte Inferior Derecha

En la parte superior está el año de creación de la obra: 1498.
Y debajo está escrita esta oración.

"Yo, Alberto Durero, me pinté a mí mismo desde mi propia perspectiva."

Una declaración muy intrigante.

No es simplemente una cuestión de registrar su propio rostro.
Suena como una declaración que dice "Así es como me veo a mí mismo".

Los Alpes al Fondo Más Allá de la Ventana
Point 02
Los Alpes al Fondo Más Allá de la Ventana

Durero viajó de Alemania a Italia para aprender el Renacimiento,
y tuvo que cruzar los Alpes en ese viaje.

Probablemente el paisaje de aquella época se quedó vívidamente grabado en su memoria.

Por eso dejó esa montaña en el fondo de su autorretrato.

Como si dijera esto.

"Soy alguien que vio un mundo más amplio y regresé."

Dos tradiciones artísticas se encuentran

En este cuadro confluyen dos tradiciones pictóricas.

La representación del espacio y el paisaje del fondo revelan la influencia del Renacimiento italiano, mientras que la manera tenaz de describir los detalles —como los cabellos y los pliegues de la ropa— recoge fielmente los rasgos de la pintura nórdica europea.

Así, esta obra es a un tiempo el autorretrato de una persona y la escena donde el Renacimiento italiano y el arte nórdico se dan cita.

El pintor que más amó los autorretratos

Durero dejó a lo largo de su vida un número extraordinario de autorretratos.

El más antiguo es una obra que realizó a los trece años. Antes aún de recibir formación oficial, se sentó frente a un espejo y observó su propio rostro con minuciosa atención para plasmarlo en el papel.

No se sabe con certeza por qué dejó tantos autorretratos.

Pero contemplando sus autorretratos, uno llega a pensar que, para Durero, el autorretrato no era un mero registro de su fisonomía, sino el acto de inscribir su nombre en el mundo.

Quinientos años después, entre los innumerables pintores del Renacimiento, el rostro de Durero sigue siendo el que evocamos con mayor nitidez. Quizá esa sea, precisamente, la obra más grande que Durero quiso dejar a través de sus autorretratos.

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