
Christ Among the Doctors
El niño cuenta con los dedos y habla en voz baja.
Sin embargo, los adultos que lo rodean parecen incómodos.
Alguien está sorprendido,
alguien muestra desaprobación,
y otro observa a Jesús con evidente perplejidad.
Este cuadro es Jesús entre los doctores, de Alberto Durero.
Como narra la Escritura, representa al joven Jesús debatiendo con los doctores de la ley.
Se dice que Jesús tenía apenas doce años en aquel momento.
En los rostros se revela la intención del cuadro
El rostro de Jesús, en el centro, es extraordinariamente luminoso y sereno.
Los de los doctores que lo rodean, en cambio, aparecen exageradamente arrugados y deformados.
Fíjese en particular en el personaje del sombrero blanco situado a la derecha.
Su semblante roza casi la caricatura.
Durero creó ese contraste de manera deliberada.
Juventud frente a vejez.
Pureza frente a codicia.
Y sabiduría verdadera frente a autoridad vacía de contenido.
El instante en que el Renacimiento encontró el norte de Europa
Esta obra fue pintada durante la estancia de Durero en Venecia.
De ahí que la composición sea tan equilibrada y bella como la de los maestros renacentistas,
mientras que la expresión de los rostros resulta extraordinariamente realista y aguda, fiel al temperamento de los pintores del norte de Europa.
Observe especialmente las manos.
Cada dedo parece dotado de vida propia.
El gesto de Jesús contando con los dedos era, según se sabe, un ademán propio de los debates teológicos de la época.
«La terminé en cinco días»
En el papel situado en la parte inferior del cuadro figura la firma de Durero junto a esta inscripción:
«La terminé en cinco días.»
Una confianza formidable.
Sin embargo, quien contempla el cuadro durante un buen rato comprende
que lo verdaderamente asombroso no es la velocidad, sino la mirada capaz de leer el alma humana en un rostro.
Quizá Durero no estaba pintando un episodio de las Escrituras,
sino los deseos y la angustia que se ocultan en la expresión del ser humano.



