
The Rough Sea at Étretat
El mar es tremendamente agitado, tal como sugiere el título.
Las olas avanzan sin cesar,
y el cielo pende pesado, como a punto de desatar la lluvia.
Monet fue un pintor que regresaba una y otra vez al mismo lugar.
Creía que al cambiar la hora,
al variar el clima,
al transformarse la luz, un mismo paisaje podía revelarse de un modo completamente distinto.
Por eso dejó un único paisaje plasmado en múltiples obras,
y a este tipo de trabajos los llamamos «series».
Cuando la luz desaparece, el mar cambia de expresión
Al contemplar las obras que Monet dedicó a Étretat, cada una transmite una atmósfera completamente diferente.
En algunos días el mar aparece luminoso y centelleante,
pero esta pintura desprende una sensación mucho más oscura y fría.
Era un día nublado.
Cuanta menos luz hay, más pesado se vuelve el color del mar,
y los acantilados y el cielo se hunden poco a poco en la penumbra.
Monet no se limitaba a trazar la forma del paisaje,
sino que buscaba capturar también la temperatura del aire de aquel día y la cualidad de su luz.
Dos pintores ante el mismo lugar
Étretat fue un lugar que inspiró no solo a Monet, sino a innumerables pintores.
La diferencia se aprecia con especial claridad si comparamos esta obra con la que Courbet dedicó hoy a Étretat.
Fiel a su condición de pintor realista, Courbet describió la textura de los acantilados y las olas con solidez y veracidad.
Monet, en cambio, no prestaba tanta atención a la forma en sí,
sino que otorgaba mayor importancia a la impresión fugaz del instante, siempre cambiante según la luz.
Por eso el mar de Courbet se siente como un «paisaje real»,
mientras que el mar de Monet se siente como una «sensación del instante».
Contemplaron el mismo mar,
pero los dos pintores estaban representando mundos completamente distintos.
Ahora, observe el cuadro con calma.
Quizás llegue a sentir también el sonido de las olas y el frío del viento.




