
The Thames Below Westminster
Una ciudad que se vuelve más hermosa entre la niebla
Este paisaje es una obra que Monet pintó durante su estancia en Londres.
En 1870, cuando estalló la guerra entre Francia y Alemania, Monet huyó a Londres para escapar del conflicto.
Por aquel entonces, Londres era una ciudad en plena industrialización.
Las chimeneas de las fábricas no dejaban de arrojar humo,
y la niebla mezclada con el hollín lo envolvía todo por completo.
La palabra «smog», tan habitual en nuestro vocabulario, nació precisamente en este Londres.
Y, curiosamente,
ese aire turbio que incomodaba a la gente se le presentaba a Monet como un paisaje extraordinario.
Los paisajes velados que Monet amaba
Monet amaba el momento en que la ciudad desaparecía lentamente entre la niebla.
Los contornos de los edificios se difuminan
y la luz se dispersa y tiembla en el aire.
Por eso, al contemplar su serie londinense,
el paisaje no se percibe con nitidez.
En su lugar, la atmósfera de luz y aire llena por completo la superficie del cuadro.
Más tarde, Monet le diría al marchante René Gimpel estas palabras:
«Sin la niebla, Londres no sería una ciudad hermosa.»
Una afirmación verdaderamente singular.
Lo que para otros era una desagradable contaminación del aire
era para Monet el más bello material con el que trabajar la luz.
No pintaba la ciudad, sino el aire
Al observar este cuadro detenidamente, la niebla llama la atención antes que los edificios.
La luz se extiende sobre el agua
y el puente y el cielo se funden en una frontera borrosa.
Monet no pretendía describir con exactitud la ciudad que tenía ante sus ojos.
Lo que quería capturar era cómo temblaba la luz en el aire de aquel instante.
Por eso, sus paisajes londinenses no son simples pinturas urbanas,
sino que se sienten como el registro de un momento creado por la luz y la niebla.
Quizás Monet no estaba mirando los edificios de Londres,
sino contemplando el color del tiempo que se transformaba lentamente entre la niebla.




