의자 공장

The Chair Factory

A primera vista, hay algo extraño.

Hay un río,
hay un camino,
hay personas,
y sin embargo la mirada regresa, una y otra vez, a un solo edificio.

Es una fábrica de sillas en medio del paisaje.

Si se observa con atención, las proporciones resultan peculiares.

Las personas son demasiado pequeñas,
la fábrica, desproporcionadamente grande.

Da la impresión de que no es un edificio dentro del paisaje,
sino un edificio que empuja y desplaza al paisaje entero.

Rousseau pintaba grande lo que consideraba «importante»

En realidad, este modo de hacer resultaba bastante insólito según los criterios de la época.

La perspectiva no es del todo correcta,
y las figuras humanas tampoco guardan proporciones realistas.

Sin embargo, Rousseau no intentó ocultar estas torpezas.

Al contrario, aquello que sentía como importante lo dejaba más grande,
más sólido, grabado en el lienzo.

Del mismo modo en que los pintores medievales representaban a los santos y los reyes en mayor escala.

Lo que importaba a Rousseau
no era la realidad exacta,
sino la sensación del mundo tal como él lo percibía.

Una ciudad extrañamente silenciosa

Este cuadro representa un paisaje ordinario en las afueras de París.

Una fábrica,
la orilla del río,
una carretera,
figuras que pasan diminutas.

Pero la ciudad de Rousseau no es ruidosa.

Era una época de industrialización acelerada,
y sin embargo aquí el tiempo parece discurrir lentamente.

Las líneas rectas del edificio, erguido con firmeza, son sólidas,
y las curvas de la orilla y el camino atraviesan el cuadro con suma parsimonia.

Por eso, aunque es un paisaje urbano,
tiene algo de escena soñada.

Torpe, y sin embargo extrañamente memorable

Ya en su tiempo, esta clase de pintura era poco frecuente.

Representar un paisaje suburbano tan corriente
a un formato tan monumental era algo aún más inusual.

Por eso el espectador se detiene ante los cuadros de Rousseau.

No son precisos,
pero tampoco se pueden pasar por alto con facilidad.

Quizás Rousseau no estaba documentando la ciudad de manera realista,
sino pintando ese «aire extraño» que la ciudad le hacía sentir.

Y ese silencio torpe
sigue resonando, de manera inexplicable, cien años después.

DE LA MISMA MANO
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