
Wheat Field with Cypresses
Adentrándonos en un paisaje de verano
Esta obra es un paisaje que Van Gogh pintó durante su estancia en el manicomio de Saint-Rémy, en el sur de Francia.
Comencemos por contemplar el conjunto de la pintura.
Se extiende un campo de trigo dorado a punto de ser cosechado; detrás se suceden olivos, colinas y la cadena montañosa de los Alpilles. En el cielo, largas nubes azules se deslizan lentamente, mientras en la parte inferior del cuadro brotan amapolas rojas.
Aunque a primera vista parece un paisaje apacible, si se observa con más detenimiento se percibe que todo el cuadro se halla en perpetuo movimiento.
Pintar el viento
El trigal se inclina hacia un lado y las nubes avanzan arremolinándose.
Los olivos ondulan y se retuercen, y el ciprés que se yergue en el centro oscila como una llama.
Van Gogh quedó profundamente impresionado por el fuerte viento que soplaba en Saint-Rémy durante aquella época.
Por eso expresó con pinceladas ese viento invisible a los ojos.
Las trazas del pincel, agitadas y voraces, no son mero ornamento: son la plasmación directa de la fuerza con que se mueve la naturaleza.
El árbol que más llama la atención
Fíjese ahora en el gran ciprés que ocupa el centro de la composición.
La llanura y la cadena montañosa se despliegan en sentido horizontal, pero el ciprés se alza vertical, apuntando al cielo.
En una carta a su hermano Theo, Van Gogh describió este árbol como «una presencia oscura en un paisaje luminoso».
Para él, el ciprés no era un árbol cualquiera.
Su aspecto en perpetuo temblor, como consumido por el fuego, se asemejaba al estado de su propio espíritu, inmerso en la angustia y la inquietud.
El estado de ánimo oculto en la naturaleza
Van Gogh no era un pintor que representase la naturaleza tal como la veía.
La naturaleza que él percibía se movía al unísono con sus emociones.
Por eso, en este cuadro conviven el viento que recorre los campos de verano y el estado de ánimo del propio Van Gogh mientras contemplaba ese viento.




